El nuevo ciclo de las startups brasileñas demuestra por qué la estructura y la gobernanza ahora definen quién es realmente adquirible.
El ecosistema de startups en Brasil ha madurado. Después de más de una década marcada por un crecimiento acelerado, rondas sucesivas de capital y narrativas centradas en escalar a cualquier costo, el mercado entró en una nueva etapa. Para diciembre de 2025, un hecho quedó claro: el capital sigue disponible, pero es mucho más selectivo.
Brasil ocupa actualmente la posición 27 en el ranking global de startups, según StartupBlink, manteniendo el liderazgo en América del Sur y consolidándose como un mercado estratégico para fondos de venture capital, private equity, inversores institucionales y compradores estratégicos. São Paulo continúa siendo el principal hub nacional, mientras que Río de Janeiro y Curitiba refuerzan ecosistemas relevantes en el escenario internacional.
El dato más importante, sin embargo, no está en la posición del ranking. Está en el cambio silencioso y profundo de los criterios de evaluación adoptados por inversores y consejos de administración.
Durante años, crecer rápido fue interpretado como sinónimo de éxito. Hoy, esa lógica aislada ha perdido fuerza. El mercado pasó a valorar empresas capaces de sostener el crecimiento con estructura, previsibilidad y gobernanza. La pregunta central dejó de ser “¿cuánto crece esta startup?” y pasó a ser “¿cuánto valor real es capaz de preservar y entregar?”
El movimiento reciente del mercado de fusiones y adquisiciones confirma este cambio. Después de un 2023 más contenido, 2024 marcó una recuperación consistente de las transacciones que involucraron startups brasileñas. En 2025, el ritmo se mantuvo, pero con un patrón claro: operaciones de tamaño medio, múltiplos más racionales y diligencias cada vez más profundas. Las grandes valuaciones se volvieron la excepción. La regla pasó a ser empresas organizadas, integrables y auditables.
En este nuevo contexto, crecer rápido no garantiza ser adquirible. Muchos founders aún confunden visibilidad con liquidez. Startups que escalan sin disciplina financiera, claridad societaria o controles adecuados pueden atraer atención en el corto plazo, pero enfrentan barreras relevantes cuando el capital exige profundidad. Due diligences bloqueadas, descuentos agresivos, cláusulas restrictivas y pérdida de poder de negociación se volvieron frecuentes.
Por otro lado, las empresas estructuradas desde etapas tempranas con visión de largo plazo presentan una ventaja competitiva real. Acceden a capital de mejor calidad, negocian en condiciones más equilibradas y entran en el radar correcto en el momento adecuado. Para estas organizaciones, la gobernanza no es un costo operativo. Es un activo estratégico.
En 2025, los inversores analizan menos promesas y más procesos. Gobernanza corporativa funcional, compliance jurídico y fiscal, datos financieros organizados, contratos claros, previsibilidad de ingresos y preparación para auditoría se convirtieron en criterios decisivos. El crecimiento sigue siendo relevante, pero solo cuando está respaldado por estructura.
Este movimiento también alcanzó a startups en etapas más avanzadas. Unicornios y scale-ups que postergaron ajustes de gobernanza enfrentaron dificultades para nuevas captaciones, presión por rentabilidad y reorganizaciones apresuradas. Aquellas que anticiparon este proceso de maduración preservaron valor y ampliaron sus opciones estratégicas, ya sea para nuevas inversiones o para eventos de liquidez.
La experiencia práctica demuestra que el mercado no penaliza a las empresas que crecen de forma más disciplinada. Por el contrario, penaliza a aquellas que crecen sin control. Hoy, el capital prefiere previsibilidad a la euforia.
Es en este punto donde la estructura marca la diferencia. A lo largo de más de dos décadas, Grupo International ha acompañado de cerca ciclos de inversión, expansión internacional y operaciones de M&A en Brasil y en el exterior. La trayectoria del mercado confirma que el crecimiento sostenible no se improvisa. Se planifica, se estructura y se ejecuta con método.
Hasta finales de 2025, una conclusión se impone: el nuevo diferencial competitivo de las startups no está solo en el producto, la tecnología o el discurso. Está en la capacidad de transformar el crecimiento en valor real, negociable y sostenible.
El juego ya no es crecer a cualquier costo.
Es crecer con estrategia.